Big Bag, No Kremlin. My name is Sam. I’m Sorry

IMGA0463Las 11:30. Los pakistanís que duermen con nosotros se han levantado ya, y como siempre, hablan en voz alta sin reparar en que las otras 4 personas de la habitación aún dormimos. Son realmente desconsiderados, pero nuestros tapones funcionan bastante bien, así que no nos despertamos del todo. Quedamos en ese estado de sopor en el que uno decide conscientemente si quiere seguir durmiendo o levantarse.

Sentimos cierta obligación moral de salir ahí fuera, a conocer la nueva ciudad a pesar de los 6 grados bajo cero y la nieve. Tras la ducha, el desayuno y algunas charlas, decidimos ir al Kremlin con nuestro nuevo amigo danés, Kim.

A las 12:30 empezamos a hacer la primera cola para comprar las entradas. Ideamos un pequeño timo para usar su carné de estudiante tres veces y pagar menos. El timo funciona, pero nos tiene haciendo cola hasta las 14:00.

A las 14:20 estamos en el control de seguridad, donde el soldado le dice a Kim:

Militar - Big Bag. No Kremlin. (léase esto con la cara más amarga que uno pueda imaginar en un militar)

Kim - But, is not that big, it’s a little backpack…

Militar - Big Bag. No Kremlin

Kim - But…(seguía intentando razonar)

Militar - … (ignorando TOTALMENTE a Kim, esperando a que se cansara de hablar)

Kim - Ok.

La verdad es que fué MUY surrealista. Es difícil explicar el nivel de estupidez y lo obtuso de su postura y frases. Sólo imaginando un funcionario kafkiano y elevándolo a alguna potencia se puede uno hacer una idea. Ese tipo se encontrará 200 veces con la misma situación, y nunca se esforzará en aprender a decir en inglés “Su mochila es demasiado grande, tiene que dejarla en las taquillas que hay debajo del puente antes de entrar”.No Kremlin. Big Bag. Guau!

Media hora después entramos en el Kremlin. Un lugar al que era imposible entrar hace sólo 20 años y que ahora es una atracción turística. La verdad es que sacamos fotografías muy bonitas, pero no salimos tan impresionados como esperábamos.

No es que decepcione….bueno si, decepciona un poco. Seguimos pensando que el paseo por Peterhof sobre la nieve y la Plaza Roja son las mejores experiencias de Rusia hasta la fecha.

Pasamos por una armería con armas y vestidos, carruajes y objetos de decoración que tampoco nos impresionaron en absoluto. Decidimos que nos merecíamos un café.

Llegamos a la cafetería y nuestro recién adquirido amigo tardó unos 5 minutos en pedir su café. En el camino, pidió uno que tuvieron que tirar, y casi vuelven a tirar el segundo. Nos sentamos y hablamos durante bastante rato. En medio de la conversación, un chico (acompañado por otros dos) con rasgos orientales nos interrumpe con:

Chico - My name is Sam.

Kim - Eh?

Chico - My Name is Sam

Kim - My name is Kim, nice to meet you.

Sebastian - I’m Sebastian

Sandra - I’m Sandra

Chico - My Name is Sam

Nosotros - Eh?

Chico - My Name is Sam

A partir del sexto o séptimo “My name is Sam”, Kim intentó decirle en ruso “No hablo Ruso”. Eso fué definitivamente peor. Cuando le dices a alguien que no hablas su idioma, mejor hazlo en inglés. Si lo haces en su idioma tiene el extraño efecto de que entiendan lo contrario. Debe ser algo así como “Ah! Eres capaz de decir una frase en ruso? Eso es que si hablo despacio lo entenderás todo!”.

El chico empezó a hablar ruso.

Las frases “No hablo ruso” y “Yo no hablo ingles” se intercambiaron unas 10 veces…dichas en ruso y en inglés de un modo caótico. Algo surrealista. Sandra y yo nos descojonábamos. Kim insistía con la paciencia de un santo. Sandra se dio cuenta de que el chico iba medio borracho.

Al final, la segunda frase en inglés salió del desconocido oriental: I’m sorry. Todos pensamos que era una despedida, así que bajamos la guardia. Nos giramos a nuestras mesas, y escuchamos

- My name is Sam

10 minutos más tarde, por fin nos libramos de Sam. Creo que era de Kazajistán o algo así. Y que se llamaba Sam, claro está. 

Volvimos al hostal y tuvimos una agradable charla con el recepcionista, Denis (creo que esa es la traducción que nos hace de su nombre ruso). nos recomendó un buen restaurante, y vino con nosotros a comer. De la charla con Denis sacamos muchísimas cosas interesantes sobre Rusia y los rusos. Las más impactantes sin duda fueron estas:

  1. En Rusia no está bien vista la risa ni la sonrisa. Eso se deja para los momentos de intimidad con los amigos. Reirse en la calle o ante desconocidos puede significar que eres idiota y ries sin motivo, que te estás riendo del que tienes delante y, si eres un hombre, que eres débil y no puedes conseguir lo que quieres por la fuerza (y por eso sonries, para suplicar cortesía). Nuestro recepcionista es un ruso risueño…y recibe respuestas como “de qué te ries?” a menudo. Encantador eh?
  2. En Rusia eres dueño de tu casa (si vivías en ella cuando empezaron a tener propiedad individual), pero no la tierra sobre la que está construida, que es del estado. La corrupción está a la orden del día en temas inmobiliarios entre los oficiales responsables de la tierra.
  3. En Rusia la principal amenaza para los turistas no es el crimen, sino la policía. Nosotros estamos medio paranoicos, y dejamos de hablar cuando pasa un poli. Nuestro colega danés ha pasado a Def Con 2, y directamente pone cara de mala ostia cuando aparece un poli, no habla ni que le pegues y camina en dirección opuesta al poli, incluso si eso implica desviarse de su rumbo.
  4. En Moscú no hay oficina de turismo ni nada parecido. Los turistas les importan poco, y de hecho lo demuestran en lugares como la Catedral de San Basilio (la estampa más conocida de Moscú), donde los carteles son únicamente en Ruso (excepto cuando se trata de decirnos el precio de la entrada, of course)

Y a pesar de todo, está siendo una experiencia muy interesante y enriquecedora. Nos alegramos de haber venido a Rusia, y lo recomendaríamos a DETERMINADAS personas (un poco como la India). A diferencia de la India, aquí es más difícil que volvamos algún día (quizás en verano?)

Y ahora, algunas fotillos que es lo que mola pa la familia y amiguetes :)

 

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Con nuestro colega Kim, junto al falsamente proclamado por los rusos como el “Cañón más grande del mundo” (en realidad el más grande está en India, y nosotros lo vimos en Jaipur)

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Esto es lo que se ve dentro del Kremlin. Unas catedrales ortodoxas con cúpulas doradas y fachadas austeras. Los interiores son aún más austeros, llegando en algunos casos al primitivismo. Los Rusos no disfrutaron de El Renacimiento y de sus descubrimientos artísticos. La perspectiva y el escorzo no llegaron a los iconos religiosos, que permanecieron inmutables hasta la fecha. Nada impresionante, excepto por lo inusual que su estructura (pequeña y compartimentada, no preparada para grandes concentraciones) nos resulta a los acostumbrados a los templos católicos.

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Se nos hizo de noche, y estas son algunas fotos de la Plaza Roja de noche. Realmente preciosa, casi más de noche que de día.

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Haciendo de turista en Moscú

IMGA0399Hoy era nuestro tercer día en Moscú y no habíamos visto nada de lo que ven los turistas, así que esta mañana decidimos ir a la Plaza Roja.

La verdad es que las descripciones sobran. Las fotos hablan por sí mismas. Por hoy sólo entramos en la catedral de San Basilio y dimos la vuelta al exterior del Kremlin. Dejamos para mañana entrar en el Kremlin y quizás en la tumba de Lenin (eso no está muy claro).

Estamos teniendo algunos problemas para subir vídeo (la conexión en el Hostal va de pena), pero haremos lo posible por poner lo que grabemos mañana dentro del Kremlin.

 

 

 

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Adiós St. Petersburgo. ¡Hola Moscú!

El 23 de febrero nos despedimos de Peter (como le llaman cariñosamente aquí). Las últimas horas las pasamos hablando con nuestra recepcionista favorita: Alicia. Aunque parezca mentira, se esforzaba por ser simpática con nosotros (en lugar de denunciarnos a algún antiguo oficial retirado de la KGB).

No subimos en el tren a las 0:40. Técnicamente era mi cumpleaños, así que podemos decir que cumplí mis 31 años en un vagón de tercera clase ruso, a medio camino entre San Petersburgo y Moscú. No suena tan mal…

El tren era incómodo, viejo y cutre, pero estaba bastante limpio, y los rusos no hablan (ni despiertos), así que menos lo van a hacer dormidos. Como siempre, habían ronquidos, pero los tapones para los oídos pudieron con ellos. Nos tomamos un Valium y pudimos dormir unas 4 horas (más de lo que esperábamos).

Llegamos reventados a Moscú. Nos arrastramos por las calles con nuestras megamochilas a la espalda y conseguimos llegar al hostal. La sorpresa fue agradable, estaba medio vacío, era limpio y las camas cómodas.

No hicimos nada más. Nos tiramos a ver películas y salí a comprar la cena a diez bajo cero. Suficiente por hoy. Un cumpleaños genial, en serio :)

Salimos en busca de los billetes del transiberiano. De camino, a mi se me ocurrió cruzar una especie de avenida por la que LITERALMENTE no pasaba ni un solo coche. De hecho, no se veía ningún coche, perro o persona a dos kilómetros a la derecha o izquierda. Pensé que estaría cortada por obras o algo así, y pasé del paso subterráneo. Lo último que oí fue a Sandra gritándome “Espera, Sebas, no se puede por ahí”, pero ya era tarde. La furia de la policía rusa se materializó en gritos guturales de 4 agentes a la vez, que salieron de la nada. Todos me gritaban a mi y a Sandra, que en su abnegado amor me había seguido.

La primero que hice fue parar en seco, pensando en volver sobre mis pasos y cruzar por el paso subterráneo. Pensé que se trataba de cabezas cuadradas que querían que se respetaran las normas aunque no se viese un coche a 2 kilómetros. Pero cuando paré los gritos se convirtieron en exabruptos (no sé ruso, pero seguro que eran insultos), así que aceleré el paso y le dije a Sandra que corriese. Los dos corrimos hasta la acera. 30 segundos más tarde pasaron 10 coches de policía escoltando a una limusina negra con las banderitas presidenciales. Calculo que iban a 120 Km/h.

Nos tragamos una bronca de un poli de la secreta que para colmo hablaba español. Por suerte nos vió tan perdidos que se apiadó. Estaba a punto de gritar con las manos en alto “No quiero matar a vuestro presidente”…pero creo que Putin estuvo más cerca de hacerme daño a mí que yo a él.

Es increíble que esta gente corte toda una avenida para desplazarse por la ciudad. Cuando la reabrieron, vimos que era una avenida transitadísima. Es como si en Barcelona cortasen la Diagonal cada vez que Zapatero quiere pasar a 120 Km/h por la ciudad.

Volvimos con nuestros billetesa al hostal y no nos avergüenza decir que nos pasamos el día viendo series en el portátil, pero empezamos una conversación con un Danés y dos chicas de los USA que se alargó hasta las 00:00, tras lo cual vimos una peli y nos acostamos a las 02:00.

Decidimos que ya era hora de ver la Plaza Roja, y ese fue nuestro plan para el día siguiente.

Se nos acumula la faena!

Entre una cosa y la otra, hemos dejado el Blog desatendido y han pasado un montón de cosas.

Al día siguiente de nuestra conversación política con  Alicia nos fuimos a Peterhof (El Palacio de Verano de Pedro el Grande). Peterhof no está en San Petersburgo, sino a las afueras. Para llegar, había que tomar un tren y un autobús de línea. Después de nuestra odisea para comprar los billetes desde San Petersburgo a Moscú, nos preparamos para lo peor…

Y llegamos a la primera. Cero problemas. Excepto que nos olvidamos de poner la batería de la cámara en la cámara…(por lo que las fotos a continuación están sacadas de Internet, y son parecidas a lo que vimos)

Orgullosos de nuestra pericia, llegamos a un pueblo completamente cubierto por la nieve. El autobús nos dejó en la puerta del palacio. Enfrente de la puerta, la catedral de San Pedro y San Pablo. O aun no estamos saturados de templos o era realmente bonita. El caso es que nos impresionó su exterior.

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Entramos en Peterhof, y la entrada fue en sí la mejor experiencia en Rusia. Un pasillo de árboles y setos cubiertos con sacos (para protegerlos de la nieve) formaban un pasillo perfectamente simétrico de unos 1000 metros de largo que nos llevaba a la entrada del palacio. Era como la entrada de Versalles, pero completamente blanca.

La nieve lo cubría absolutamente todo. Era nieve virgen, sin una sola pisada. Todo era perfecto y estábamos solo caminando por la nieve, oyéndola crepitar a cada paso. Nos sentimos como críos. nos lanzamos nieve. Corrimos en la nieve para sentir que éramos los primeros en pisarla. Caminamos despacio para sentir como se hundía haciendo un sonido al que no estamos acostumbrados.

 

 

 

Flickr_Peterhof Entrada Principal Nieve Flickr_Peterhof Entrada Nieve-1 Nuestro juego duró unos 10 minutos, hasta que llegamos al palacio. No había turistas ni señales de la entrada.

Tras algunas vueltas nos encontramos con 2 rusos vestidos de músicos del siglo XVIII o XIX (pelucas blancas, mallas, etc.) Nos preguntaron de donde éramos, y a continuación nos tocaron EL HIMNE DELS SEGADORS!

Tras recuperarnos del shock (una cosa es que le digan “Bon dia”, otra que toquen el himne dels segadors en San Petersburgo), entramos en el palacio.

1000 rublos más tarde estábamos con unas zapatillas de papel (para no estropear el parqué) recorriendo una de las expresiones más bizarras que hemos visto de ostentación y vanidad, ejecutada eso si con bastante buen gusto.

Salimos contentos de la visita, comentando los detalles dorados, lo recargado del estilo barroco y con la seguridad de que nos olvidaríamos del palacio a los 2 meses. Pero no del parque nevado, así que volvimos a pasear unos 30 minutos mas entre pasillos inacabables de árboles cubiertos de nieve. Volvimos a tirarnos bolas de nieve, golpear los árboles para ver como nos caían copos como pelotas y en general comportarnos como críos ante uno de los paisajes más bellos que hemos visto.

Salimos directamente hacia el café más cercano. Estábamos a 6 grados bajo cero,  y empezábamos a no sentirnos la cara. De ahí a la estación del tren, donde nos paramos a tomar unos “kebabs” en un antro, mezcla de discoteca de pueblo de los 80 y puticlub de los 90. La camarera parecía un travesti, y cualquier control de sanidad habría revelado que eso en realidad era un vivero experimental de nuevas especies. Aún así, estaba bueno y nos sentimos como en la Rusia más auténtica.

Tren de vuelta a San Petersburgo. Ducha, juegos en el ordenador, siesta y a las 18:00 salimos hacia nuestro “lujo” en St. Peter: Un espectáculo folcklórico ruso.

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La verdad es que el espectáculo estuvo bien, y como no, me sacaron a bailar (a hacer el ridículo más bien). Para colmo, nuestras galas desentonaban completamente con la pomposidad del teatro, con lo que el ridículo fue aun mayor.

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Nos fuimos a dormir con un par de copas de cava, unas tostadas de caviar ruso y unos chupitos de vodka que estaban incluidos en el espectáculo.

Bon Apetit…

Ayer nos relacionamos con la primera persona rusa, la recepcionista de nuestro hostal (24 o 25 años, estudiante de turismo y con un inglés intermedio).

Hablar con un ruso/a no es algo tan fácil. Son serios, secos y un poco fríos. Desde el punto de vista de un latino son unos bordes, pero claro, la diferencia cultural es así.

El caso es que hablamos de todo un poco. La chica parecía contenta de que le explicásemos cosas  de otras partes del mundo y de ofrecernos consejos y ayuda para ver la ciudad. Todo discurría en un ambiente relajado mientras hacíamos la cena.

En medio de la conversación ella nos pregunta “Quién es el presidente de vuestro país?” “Es bueno?”. Y claro, empezamos (en realidad Sebas empezó) a hablar de política. Que si hay tantos partidos en España, que si nosotros somos de izquierdas izquierdas, que si Zapatero es el mal menor para nosotros, etc…

Hasta aquí todo bien.

Entonces yo digo “Y vosotros, ¿estáis contentos con Putin? Desde nuestro país, por las noticias que nos llegan, es un poco totalitarista”.

Ella me contesta, literalmente, que es lo que Rusia necesita. Que los rusos necesitan una mano dura que les diga lo que tienen que hacer, que la libertad está bien en los libros y en las pelis, pero que en Rusia se necesita a un dictador como él. Que la democracia no funcionaría (y he utilizado el condicional hipotético a propósito) en Rusia.

Entonces yo, intentando no soltar espumarajos de color verde por la boca y en un esfuerzo tremendo por escuchar y no ir de perdonavidas por el mundo, le comento (ahora en serio, no fui en absoluto agresivo ni adoctrinador) que cosas como Chechenia y asesinatos selectivos como los de Litvinenko no pueden considerarse actos de una democracia. Le pregunto ¿Qué opinas de todo eso?

Su respuesta: “Ok. Bon apetit”. Y con una sonrisa forzada abandonó la cocina.

No hemos vuelto a hablar desde entonces.

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Hoy vamos a comprar los billetes…(y nada más)

Hoy nos levantamos temprano para ir a ver Peterhof. Como quiera que se trata de unos “jardines” (a 0 grados no creo que esté muy verde la cosa) y un palacio, lo que vimos por la ventana nada más levantarnos no fue muy alentador:

Así que decidimos hacer lo mejor que se puede hacer cuando nieva: NADA. Exceptuando, claro está, la ridícula y minúscula tarea de comprar los billetes de tren a Moscú. Ja Ja.

Llegamos a la estación a las 14:00. Un gran reloj en la pared nos hizo de testigo durante toda la odisea, así que los tiempos estaban controlados.

En la primera cola nos pasamos unos 30 minutos. Al llegar a ventanilla, la conversación fue breve, pero intensa:

Nosotros: English?

Ella: Eh?

Fin del diálogo.

Repítase este diálogo 5 ventanillas y 1 hora más, y se tendrá a dos españolitos muy hambrientos a las 16:00 de la tarde, sin billete, y totalmente desesperados. Incluso en la ventanilla a la que fuimos porque alguien nos dijo “que ahí se habla inglés” (nos lo dijeron diciendo “bla bla bla” y señalando una ventanilla), el chico nos respondió con un NO tajante. Por lo menos no dijo “eh?”, por lo que vamos a pensar que tenía el nivel elemental de inglés.

Nos rendimos. Nos fuimos a comer. Nos metimos 2 panqueques cada uno, uno salado y otro dulce. Volvimos a la carga.

Otra saludable media horita de cola, para que la persona que TAMPOCO hablaba inglés (había unas  10 ventanillas, y llevábamos 6 probadas) nos dijera que no eran esas ventanillas, sino las que estaban en otra sala…

Vueeeelta a hacer cola. Pero esta vez íbamos armados. Llevábamos un papel con todos los datos del tren en plan básico, para estamparlo contra la ventanilla de quien fuera. Apostamos por una chica joven, con la esperanza de que hablase algo de inglés. BINGO!

Diálogo:

Nosotros: Do you speak english?

Ella: Yes.

Nosotros: Really?

Ella: …

Nosotros: We love you!

Y compramos nuestro billete. En tan solo 3 horas!!!!

(Dios nos pille confesados en China)

San Petersburgo, primeros días

Como dijimos, el lunes 14 no hicimos gran cosa. Solo salimos a la calle para comprar la comida y registrar la visa. Sin embargo, en St. Petersburgo es casi imposible pisar el centro sin encontrarte cosas impresionantes.

Al día siguiente salimos a buscar una alternativa a nuestro Hostal. No es que el hostal fuera malo en sí, pero su “público objetivo” no éramos nosotros. Está muy bien si eres un veinteañero con ganas de fiesta, alcohol y noches en vela…pero si quieres dormir, no es el sitio ideal. Además, era un poco justito para la cantidad de gente que puede albergar (2 fogones eléctricos, 2 duchas para 40 personas, 1 ordenador para todos y sin wi-fi, etc.)

Encontramos otro hostal, por el mismo precio. Una maravilla. Pedimos que nos devolviesen el dinero en el primero, por las dos noches que no íbamos a dormir y que habíamos pagado por adelantado. Por suerte nos lo devolvieron, y ahora escribimos esto desde nuestro nuevo y cómodo hostal con Wi-fi.

El 16 de enero (ayer) fuimos al Hermitage. Es lo que todo el mundo viene  a ver a St. Petersburgo (además de la ciudad en sí misma), y es como el Louvre a París. Las comparaciones con el Louvre no son sólo por el tamaño o la relevancia de sus obras, sino porque, al igual que el Louvre, el museo en sí mismo es una obra de arte.

Y de ejemplo, algunas fotillos:

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Nos pasamos 5 horas caminando dentro del museo. Para cualquiera que no se especialice en el tema es más que suficiente.

Lo que más nos gustó fue el museo en sí, algunos artistas ya conocidos (a mí me gustan las sombras de los Velázquez, y a Sandra le atraen más los cuadros luminosos, aunque en realidad lo que a ella le gusta es el arte moderno). Un artista sobre el que tenemos que investigar más: Renato Guttuso (aunque lo que vimos aquí no lo hemos encontrado entre sus obras más conocidas en Internet)

Vimos a los rusos patinar sobre hielo, algo que acompleja un poco la verdad, y tras la cara de “ni de coña” de Sandra y la idea de que costaría bastantes rublos, decidimos quedarnos simplemente de mirones.

De ahí nos fuimos a la “Iglesia de Nuestro Salvador de la Sangre Derramada” (el nombre es para cagarse, pero es literalmente así). Por lo que se ve, los ortodoxos son aun más animados que los cristianos católicos. Una fiesta, vamos!

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Tallin, Estonia

La mayoría de gente tendría que mirar un mapa bastante detallado para encontrar Estonia…y no hablemos ya de su capital, Tallin.

Es un país pequeño, sin mucho que ver la verdad. Lo que tiene de bonito lo tiene concentrado (y muy concentrado) en la capital: el casco antiguo (Old City), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Llegamos a Tallin con un autobús “deluxe”, con Wi-Fi a bordo (por satélite, pero no conseguí que funcionase en mi PC) y lo más importante: enchufes! Pasamos el viaje viendo capítulos de CSI, y el viaje se hizo corto.

Nuestro Hostal fue una sorpresa agradable. Mucho mejor que el de Riga, tuvimos intimidad y buenas camas. Además, estaba en el centro de la Old City, por lo que no tuvimos que caminar demasiado para ver lo mejor de Tallin.

Una de las estampas más bonitas fue la plaza central, que además de bonita, estaba completamente desierta (viajar en temporada baja tiene muchas ventajas)

Después de patearnos toda la Old City, decidimos refugiarnos en un centro comercial (no teníamos hostal y hacía frío). La verdad es que las horas pasaron lentas hasta que decidimos gastarnos (oh, gran lujo!) 3 € en un cibercafé a chatear con Fani y a hacer otros preparativos de viaje.

A las 23:00 tomamos el autobús a San Petersburgo, diciendo adiós a nuestra querida Europa y al espacio Schengen, donde un simple DNI era suficiente para cruzar la frontera.

Llegamos en autobús, esta vez sin wi-fi ni enchufes para ver pelis a bordo, y sin poder pegar ojo en toda la noche. La anécdota de la noche fue el paso fronterizo entre Estonia y Rusia, donde nos sentimos como espías atravesando el telón de acero de la antigua URSS. La cosa no estaba como para sacar fotos, pero en Flickr hemos encontrado algunas:

Llegamos a San Petersburgo a las 06:00 am, con un frío horrible y sin un rublo en el bolsillo. Sacamos 8.000 rublos (unos 222 €) y tomamos el metro hasta nuestro hostal (Cuba Hostel). Nos hicieron esperar a las 09:00 para entrar en las habitaciones…se estaba haciendo eterno, así que fuimos a desayunar al KFC.

En la cola, un ruso borracho me dijo algo así como “Jodido año nuevo”. Y fue entonces que entendimos las luces de navidad aún en las calles. Sin saberlo, habíamos vivido un segundo fin de año: el fin de año ortodoxo. De hecho, llegábamos en pleno día 1 del calendario ortodoxo. Ya van dos fines de año…nos quedan otros dos por pasar :)

Decidimos perrear todo el día. Vimos capítulos de Psych y CSI en el portátil y sólo salimos a comprar la comida y a registrar nuestra estancia (burocracia).

Las últimas 3 semanas

Ya solo quedan 3 semanas en Irlanda. Ayer me di cuenta de eso…y las cosas han cambiado radicalmente. Ya me había instalado (y candado un poco) en mi rutina Irlandesa. Un poco de academia de inglés, un poco de trabajo por las tardes, muchas contemplación y fines de semanas con vino barato del Lidl.

No está tan mal como suena…pero ya se ha convertido en rutina y para rutinas, me quedo con la mía (Sandra, mi familia, mi casa, mi gato, etc.) Y como si hubiese pedido un rescate, ayer Chris me dice "Solo son 3 semanas". Y la verdad, me ha sentado de coña saberlo.

Ahora toca buscar nuevo compañero de piso, calcular las facturas que tengo que pagar antes de irme, acabar algún trabajo que tiene que hacerse en Dublín…

Además, Sandra viene el sábado, y Fani el domingo. Alex vendrá el 15, y Pilar se está pensando venir el 16. Me han invitado a una fiesta este viernes, y ya están hablando de mi fiesta de despedida. De repente, la rutina se ha desvanecido de nuevo. :)

Grafton Street on Christmas Dublín está especialmente atractiva con las luces de navidad. Casi me atrevería a decir que le sientan mejor que a Barcelona (al ser tan pequeña y con edificios tan bajos, las luces que tienen lucen más que en Barcelona, donde si no pasas por la Rambla o por el Portal del Ángel ni te enteras).

No sé si es el espíritu navideño (lo dudo), que soy demasiado honesto (tb lo dudo) o que mis padres me han hecho un poco tonto…pero hoy, para acabar un día de 8 horas de caminata, me he encontrado una BlackBerry de las caras (unos 300 €)…y la he devuelto. Buen chico o idiota?

Llegan y se van…

La semana pasada estuvieron aquí Sandra y mis padres, por ese orden. Cuelgo las fotos de su visita (sólo las que tengo en el móvil, las de verdad las tienen ellos) aunque solo sea para no tener el blog muerto de risa tanto tiempo.

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La oveja en la playa. Fuimos a Bray (al norte de Dublín) a ver la playa y un poco del paisaje. Agradable, sin ser una maravilla. Se puede subir a un monte desde el que se observa el mar y los montes vecinos. Las vistas son las que se ven en la foto.

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En Dublín visitamos el Trinity College y la biblioteca que hay en el piso superior de la exposición del libro de Kells (se paga por ver el libro, pero lo que más me gustó fue la biblioteca)

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Los edificios del Trinity College también eran algo que valía la pena visitar.

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